Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos
y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer emparedado.
Yo tuve la mamá más mala de todo el mundo.
Mientras que los niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal,
huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos
y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer emparedado.
Mi madre siempre insistía en saber donde
estábamos. Parecía que estábamos encarcelados. Tenía que saber quienes eran
nuestros amigos.
Insistía en que si decíamos que íbamos a
tardar una hora, solamente nos tardaríamos una hora.
Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo
el descaro de romper la ley contra el trabajo de los niños menores. Hizo que
laváramos trastes, tendiéramos camas, y aprendiéramos a cocinar y muchas cosas
igualmente crueles.
Creo que se quedaba despierta en la noche
pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer. Siempre insistía en que
dijéramos la verdad y solo la verdad.
Ello nos hizo convertirnos en adultos
educados y honestos. Usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis
hijos de la misma manera.
Verán doy gracias a Dios por haberme dado
“LA MAMÁ MÁS MALA DEL MUNDO”
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